Sobre el légamo, todavía caen inmoladas las hojas… y cierto perfume de sus cogollos emana como un imán a los sentidos. Que nos reacopla nos voltea a su oculto destino.
En la pista de agua trepando las hadas un laberinto abren a un gira-gira al vértigo de mil colores donde los duendes cantan.
Yo transgresora de leyes danzo con el rebozo ahogado, y contemplo a la libertad insomne al amor atado con el corazón aporreado.
Sobre el légamo, todavía caen inmoladas... mis lágrimas.